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La fotografía de la primera sede de la Biblioteca Nacional de Panamá, hoy denominada Biblioteca Nacional Ernesto J. Castillero R., constituye un valioso testimonio de los inicios de una de las instituciones culturales más importantes del país.

La Biblioteca Nacional abrió sus puertas al público el 11 de julio de 1942, en un local situado entre las calles 5.ª y 6.ª de la ciudad de Panamá, contiguo a la Presidencia de la República. Allí permaneció durante casi dos décadas, hasta enero de 1961.

Su establecimiento significó un paso fundamental en la conservación y organización del patrimonio bibliográfico y documental panameño, aunque sus antecedentes se remontan varias décadas atrás.

De la Biblioteca Colón a la Biblioteca Nacional

Una parte esencial de la historia de la Biblioteca Nacional comienza con la Biblioteca Colón, fundada el 12 de octubre de 1892. Esta institución prestó servicios hasta 1941, cuando el Municipio de Panamá dispuso su cierre debido a limitaciones presupuestarias.

Sin embargo, sus libros no desaparecieron. Aproximadamente 10 000 volúmenes pertenecientes a la Biblioteca Colón pasaron a constituir el núcleo inicial de las colecciones de la nueva Biblioteca Nacional. Entre estos fondos se encontraban libros nacionales y extranjeros, además de colecciones de periódicos y revistas panameñas.

La creación de una biblioteca de carácter nacional había sido contemplada en la Ley 89 Orgánica de Educación de 1941, que autorizó al Poder Ejecutivo a establecer la institución. La disposición había sido firmada durante la presidencia de Arnulfo Arias Madrid, siendo José Pezet ministro de Educación.

Posteriormente, la Biblioteca Nacional fue creada formalmente mediante el Decreto n.º 238 del 31 de enero de 1942.

La inauguración del 11 de julio de 1942

Aunque fue creada oficialmente en enero, la Biblioteca Nacional abrió sus puertas al público el 11 de julio de 1942, durante la presidencia de Ricardo Adolfo de la Guardia, cuando Víctor Florencio Goytía ocupaba el Ministerio de Educación.

La fecha coincidió con la culminación de la primera Semana del Libro, organizada por el Comité Pro Difusión del Libro y Fomento de Bibliotecas. De esta manera, la apertura de la Biblioteca Nacional estuvo estrechamente relacionada con los esfuerzos que se desarrollaban en Panamá para promover la lectura y fortalecer las bibliotecas.

El acto inaugural reunió a autoridades gubernamentales, funcionarios y público. Durante la ceremonia, Ernesto J. Castillero R., primer director de la institución, pronunció un discurso ante el presidente Ricardo Adolfo de la Guardia y miembros de su gabinete.

Aquel 11 de julio marcó el comienzo de una nueva etapa para la preservación de la producción intelectual y documental del país.

Ernesto J. Castillero y la organización de la Biblioteca

El historiador Ernesto de Jesús Castillero Reyes fue designado primer director de la Biblioteca Nacional y ocupó el cargo entre 1942 y 1945. A él correspondió iniciar la organización de la institución y de las colecciones recibidas de la antigua Biblioteca Colón.

En esta tarea contó con la colaboración de Galileo Patiño, quien ejerció como subdirector y posteriormente asumió la dirección de la Biblioteca Nacional entre 1945 y 1953. Patiño volvería a dirigir la institución entre 1966 y 1968.

También tuvo una participación destacada el historiador Manuel María Alba C., quien dedicó importantes esfuerzos a organizar las colecciones de periódicos y la Sección Pedagógica, esta última enriquecida mediante una donación realizada por las hermanas Rubiano.

El trabajo de estos primeros responsables permitió comenzar a ordenar un patrimonio bibliográfico que debía cumplir una misión mucho mayor que la de una biblioteca convencional: preservar parte de la memoria escrita de Panamá para las generaciones futuras.

La primera sede de la Biblioteca Nacional

La imagen histórica que acompaña este artículo muestra el exterior de aquella primera sede, identificada mediante un sencillo letrero con las palabras «Biblioteca Nacional».

El edificio estaba situado entre las calles 5.ª y 6.ª, junto a la Presidencia de la República, en el centro histórico de la ciudad de Panamá.

Frente a la entrada aparece un grupo de personas, principalmente mujeres, cuya presencia ofrece además una interesante mirada a la vestimenta y al ambiente social de la época.

Aunque la fotografía permite observar claramente a estas personas, no resulta prudente atribuirles identidades específicas sin contar con documentación histórica que lo confirme. La imagen debe valorarse, por tanto, como un registro del personal o de personas vinculadas a la institución, sin asignar nombres que no hayan sido debidamente documentados.

Tres sedes a lo largo de su historia

La Biblioteca Nacional ha ocupado tres sedes principales desde que abrió sus puertas.

La primera fue el inmueble situado entre las calles 5.ª y 6.ª, contiguo a la Presidencia de la República, donde funcionó desde 1942 hasta enero de 1961.

Después fue trasladada a un edificio propiedad del Seguro Social que anteriormente había ocupado el Colegio Ricardo H. Newman. Esta segunda sede permitió continuar los servicios bibliotecarios mientras se desarrollaba y ampliaba el patrimonio documental de la institución.

Finalmente, el 24 de septiembre de 1987, la Biblioteca Nacional fue trasladada a un edificio construido especialmente para albergarla en el Parque Recreativo y Cultural Omar, sobre la avenida Belisario Porras, en el corregimiento de San Francisco.

El edificio fue diseñado por el arquitecto Raúl Rodríguez Porcell y cuenta con aproximadamente 5 000 metros cuadrados distribuidos en cuatro niveles. Su inauguración se realizó durante la presidencia de Eric Arturo Delvalle.

Desde entonces, este inmueble constituye la sede permanente de la principal biblioteca del país.

De una colección de 10 000 libros a guardiana de la memoria nacional

La Biblioteca Nacional nació con aquellos aproximadamente 10 000 volúmenes procedentes de la Biblioteca Colón, pero su responsabilidad fue creciendo con el paso de las décadas.

Además de conservar libros, sus fondos incorporaron periódicos, revistas, documentos y otros materiales fundamentales para investigar la historia panameña. La preservación de estas colecciones permite que publicaciones producidas décadas atrás continúen disponibles para investigadores, estudiantes y ciudadanos interesados en conocer el pasado del país.

La institución cumple así una función que trasciende la consulta de libros: recopilar, organizar, preservar y divulgar la memoria documental de Panamá.

Su historia también refleja la transformación de las instituciones culturales panameñas durante el siglo XX. Desde aquel modesto edificio cercano a la Presidencia de la República hasta su actual sede en el Parque Omar, la Biblioteca Nacional ha acompañado durante más de ocho décadas la evolución cultural, educativa e intelectual del país.

Un recuerdo del Panamá de 1942

Contemplar la fotografía de aquella primera sede permite regresar visualmente al Panamá de comienzos de la década de 1940.

El sencillo letrero sobre la entrada, la arquitectura del inmueble y las personas reunidas frente al edificio contrastan notablemente con las instalaciones que décadas después tendría la Biblioteca Nacional.

Precisamente por ello, fotografías como esta poseen un valor que va más allá de lo anecdótico. Son documentos visuales que permiten reconstruir espacios desaparecidos o transformados y comprender cómo comenzaron instituciones que actualmente forman parte del patrimonio cultural panameño.

El 11 de julio de 1942, cuando la Biblioteca Nacional abrió por primera vez sus puertas al público, comenzó una historia dedicada a conservar otras historias: las que permanecen impresas en libros, periódicos, revistas y documentos que forman parte de la memoria colectiva de Panamá.

Hoy, la Biblioteca Nacional Ernesto J. Castillero R., ubicada en el Parque Recreativo y Cultural Omar, continúa esa misión iniciada hace más de ocho décadas.

Luis J. Ceballos M.
Investigador historiográfico

Septiembre de 2026

Gabriel J. Perea
Author: Gabriel J. Perea

Soy Gabriel Perea, especialista en tecnología, analista y creador de contenido. Me dedico al análisis crítico de temas relacionados con transformación digital, inteligencia artificial, gobernanza tecnológica y asuntos de interés público, combinando rigor técnico con una visión estratégica y humana. A través de mis artículos, investigaciones y publicaciones, busco aportar claridad en medio del ruido informativo, promover el pensamiento crítico y generar conversaciones que contribuyan a una mejor toma de decisiones, tanto en el ámbito tecnológico como social. Creo firmemente en el poder del conocimiento bien estructurado, la información responsable y la tecnología utilizada con propósito. Mi trabajo refleja ese compromiso: explicar lo complejo de forma comprensible, cuestionar lo establecido cuando es necesario y dejar una huella positiva a través de la palabra y la acción.

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