
Durante las décadas de 1920, 1930, 1940 y 1950, la fabricación de muebles tuvo una importante presencia en Panamá. En aquellos años proliferaron fábricas y mueblerías dedicadas a producir mobiliario para residencias, oficinas e incluso centros escolares.
Eran tiempos en los que un mueble podía representar mucho más que un objeto de uso cotidiano. La selección de la madera, el trabajo del artesano, los tallados, acabados y diseños convertían muchas de estas piezas en verdaderas obras de arte que, décadas después, constituyen testimonios materiales de una época.
Las maderas nacionales y el trabajo artesanal
Las maderas nacionales, muchas de ellas provenientes de Darién y otras regiones de Panamá, constituían una de las principales materias primas que abastecían a fábricas, talleres y mueblerías. Enormes tucas, tablones y tiras de madera llegaban a manos de carpinteros y ebanistas para ser transformados mediante técnicas artesanales.


Maderas como la caoba, el cedro espino, el cedro amargo, el espavé y el pino figuraban entre las utilizadas por los expertos artesanos dedicados al oficio de la fabricación de muebles.
La calidad de la materia prima se combinaba con el conocimiento adquirido durante años de práctica. Carpinteros y ebanistas dominaban técnicas de corte, ensamblaje, torneado, tallado y acabado que permitían elaborar piezas resistentes y, al mismo tiempo, de gran valor ornamental.
Los diversos estilos y diseños ofrecían numerosas opciones a los clientes, particularmente en las ciudades de Panamá y Colón, que constituían dos importantes mercados para la comercialización de mobiliario.
Las antiguas mueblerías de Panamá y Colón
Numerosos establecimientos participaron en aquella actividad comercial y artesanal. Algunos fabricaban sus propias piezas, mientras otros comercializaban mobiliario y diferentes artículos para el hogar.
Entre las mueblerías, fábricas y establecimientos vinculados a este comercio se recuerdan:
- Mueblería La Hispana
- El Arte de Barcelona
- Mueblería Salazar
- Mueblería La Española
- Mueblería Colón
- Colón Import & Export
- Radio Center Company
- La Última Joya
- Fábrica de Muebles Ferdinand Grebiens
- Fábrica La Garantía
- Mueblería Torres
- Mueblería Inglesa
- Mueblería La Única
- Mueblería Stilson
- Mueblería Casa Feoli
- Casa W. T. Lum
- Mueblería Maison Blanche
- Bazar Alemán
- Mueblería Europa
- Mueblería Viena
Estos y otros comercios ofrecían muebles que destacaban por sus diseños y acabados, con influencias europeas y norteamericanas. Entre las tendencias que dejaron su huella se encontraba el art déco, movimiento que alcanzó gran popularidad internacional durante las décadas de 1920 y 1930 y que tuvo una notable presencia en la arquitectura, la decoración y el diseño de mobiliario.
Las influencias procedentes de ciudades como Nueva York, así como las tendencias europeas, encontraron un mercado receptivo en Panamá y Colón. La posición geográfica del país y su intensa actividad comercial favorecieron durante décadas el contacto con estilos, mercancías y tendencias internacionales.
Escuelas que formaron generaciones de artesanos
La fabricación de muebles no dependía únicamente de la existencia de buenas maderas. Era indispensable contar con personas capacitadas para trabajarlas.
Hubo una época en que la ebanistería y la carpintería formaban parte de la educación técnica e industrial impartida en centros educativos del país. Entre las instituciones vinculadas a la formación de jóvenes en estos oficios se encontraban:
- Colegio Abel Bravo
- Hospicio Don Bosco
- Escuela de Artes y Oficios Melchor Lasso de la Vega
Estos centros fueron verdaderos semilleros para la formación de jóvenes en el arte de trabajar y tallar la madera y en la confección de muebles.
El aprendizaje de estos oficios permitía transmitir conocimientos de una generación a otra. No se trataba solamente de aprender a fabricar una mesa, una silla, un armario o una cómoda. El estudiante debía conocer las características de las maderas, manejar herramientas y dominar técnicas que requerían precisión, paciencia y experiencia.
Del taller artesanal al mueble prefabricado
Con el transcurso del tiempo, aquella realidad comenzó a cambiar.
Actualmente, los costos asociados a la confección artesanal de muebles son considerablemente más elevados, al igual que el precio de muchas maderas nacionales. En el mercado se han incorporado otros materiales, entre ellos la teca, el plywood y diferentes tipos de tableros aglomerados, cuyos costos y características han transformado los procesos de fabricación.
También cambiaron los estilos y las preferencias del consumidor.
Los muebles prefabricados, producidos a gran escala por industrias extranjeras e importados posteriormente al mercado panameño, adquirieron una presencia cada vez mayor. La fabricación industrial permitió ofrecer productos estandarizados y, en numerosos casos, a precios difíciles de igualar para un pequeño taller artesanal.
Esta transformación tuvo consecuencias para los antiguos carpinteros y ebanistas.
Un oficio que desaparece lentamente en Colón
En la ciudad de Colón, las fábricas dedicadas a la elaboración artesanal de muebles han disminuido considerablemente. Apenas subsiste un reducido grupo de talleres que lucha por mantener vivo el oficio frente a los elevados costos de producción, los cambios del mercado y la competencia de los muebles fabricados industrialmente.
A ello se suma la desaparición física de muchos de los antiguos maestros artesanos. Otros, después de dedicar buena parte de sus vidas al oficio, se han retirado.
Con ellos también desaparecen conocimientos, técnicas y experiencias acumuladas durante décadas.
Cada maestro que deja el taller representa una parte de aquella tradición artesanal que se aleja. Sus conocimientos no siempre quedaron registrados en libros o manuales, porque muchas técnicas se transmitían directamente de maestro a aprendiz mediante la práctica cotidiana.
Los muebles antiguos como objetos de colección
Hoy resulta cada vez menos frecuente encontrar muebles confeccionados con las características, materiales y métodos artesanales de aquellas décadas.
Las piezas antiguas que han logrado sobrevivir adquieren, por ello, un significado especial. Ya no son únicamente muebles.
Son objetos de colección apreciados por su antigüedad, diseño, estilo, calidad de las maderas y trabajo artesanal. Una mesa, un escaparate, una cómoda, una cama, un escritorio o un juego de sala pueden conservar las huellas de los artesanos que los construyeron y de las familias que los utilizaron durante generaciones.
Cada pieza puede convertirse así en un pequeño documento de la vida cotidiana.
Los muebles antiguos nos permiten recordar una época en que Panamá y Colón contaban con numerosos establecimientos dedicados a este oficio y cuando carpinteros y ebanistas transformaban las maderas nacionales con sus propias manos.
Preservar estos muebles significa también conservar una parte de nuestra memoria histórica.
Los muebles son las huellas de un arte en vías de extinción.
Bibliografía consultada
El Libro de Oro de Colón
1903-1944
Ángel Ramos
J. P. Villani Alandete
Imprenta La Academia
Testimonios orales
Delia María Estrada
Bienvenida Ayarza
Luis J. Ceballos M.
Investigador historiográfico
Septiembre de 2026


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